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El beso |
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Como la lengua de la ola que se adentra en la arena ardiente y expectante, como el merodear casi silencioso de las llamas del fuego, como el encuentro de las nubes perdidas en el cielo, el beso es un toque maestro de la naturaleza. La tibieza de tus labios, el estremecimiento de tu cuerpo, los antecedentes en retrospectiva, el vértigo de lo que vendrá. El beso es amigo del tiempo, porque es un presente cargado de historia y rebosante de expectativas. El beso suele ser un mojón a mitad de camino y como pocas otras cosas, persevera intacto en el recuerdo. La maravilla de poder ahora mirarte tan de cerca, diciendo bajito palabras que aturden en el alma. El beso es un minuto de silencio dedicado a la vida. Es un hermoso rato de entendimiento desprovisto de filosofía, preguntas y especulación. Cuando las palabras cesan y todo está dicho, sucede el primer beso. Después vuelven las palabras, pero serán completamente otras. O aunque sea la última vez y todo parezca efímero, el beso es darnos aliento mutuo para el resto del camino. Y es el gusto de haberte conocido, para siempre en mí.
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