Especulaciones de un inmortal*

 

 

Un mundo en que existiera la muerte sería un mundo asombrosamente diferente de éste.

En semejante mundo, el amor no sería posible: basta con imaginar la terrible congoja que depararía la muerte del ser amado, para percatarse.

En un mundo en que existiera la muerte serían impensables la guerra y la violencia. Los mortales atribuirían inmenso valor a la vida y se esforzarían en protegerla a toda costa. Sólo quienes están hartos de vivir pueden concebir esas lacras y practicarlas.

Si la vida tuviera un fin, el arte se extinguiría. ¿Qué disposición a imaginar y soñar podrían tener seres urgidos por el tiempo?

¡Vaya de Quijotes que crearían sujetos constreñidos por necesidades impostergables!

Si fuéramos mortales, pues, no existiría la guerra ni la violencia, pero tampoco habrían el amor ni el arte.

Nada más claro que si la vida se acabara en algún momento, también se acabarían el tedio, la modorra y el mismo sueño.

 

* Publicado en “Y van …”, Año 6.900.034, N° 673

 

 

 


 

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