GLOVILIDAD

(Del hombre nómade al hombre glóvil)

 

 

-        Mariana, me voy a pegar un baño a la playa. Vuelvo para cenar.

 

Entonces tomo un avión superveloz con destino a Bahamas, cumplo con mi plan y regreso a Sudamérica de acuerdo a lo previsto.

 

Dentro de algún tiempo este fugaz paseo podría ser factible.

 

Cuando la tecnología del futuro logre la posibilidad de viajar en avión a una velocidad del orden de los 10.000 o 20.000 kilómetros por hora y los costos de ello se hagan accesibles para grandes cantidades de personas, el ser humano podrá desplazarse por el planeta exactamente del mismo modo que hoy lo hace dentro de su ciudad. El concepto de aldea global, entonces, será mucho más amplio que aquel que el prolífico canadiense Marshall McLuhan, http://www.marshallmcluhan.com, visionó como producto del avance en las telecomunicaciones y la informática. De navegar en internet a navegar planetariamente habrá otro salto fenomenal.

 

Todo hace suponer que la posibilidad de volar en minutos de continente a continente existirá en algún momento. Y puesto que los avances técnicos son un esencial detonante de transformaciones en los hábitos y estilos de vida, no hay duda de que como el automóvil alteró la estructura de las ciudades y la vida de la gente, el avión superveloz hará lo propio en un nivel planetario. Imaginemos entonces la vida de una persona que trabaja en España, vive con su familia en Chile, visita una vez por semana a su hermana en Australia y tiene una casa de fin de semana en Grecia.

 

El fenómeno de altísima movilidad en la era de la globalización podría llamarse glovilidad.

 

La historia de la movilidad humana presenta hasta hoy dos grandes capítulos que se corresponden con los dos modos elementales del habitar: nomadismo y sedentarismo.

 

El hombre nómade se trasladaba rutinariamente y en grupos por necesidad: en general, habría preferido poder establecerse. El hombre sedentario viaja excepcionalmente, por diversas razones: en general, le gustaría poder viajar con más frecuencia. El hombre glóvil viajará como parte integrante de su modo cotidiano de vida, por una serie de razones que incluyen el trabajo, la visita de familiares y amigos, el estudio, el placer, la salud y el mero deseo de trasladarse. Esto podría conducir a la generalización de la doble o triple residencia,  y más todavía, a un desdibujamiento del concepto de residencia, como hoy sucede con un número cada vez mayor de trabajadores y empresarios que se desplazan permanentemente entre distintos puntos del globo. Las computadoras personales, los servicios financieros globalizados y la creciente importancia de los recursos intangibles son pilares esenciales de esta modalidad del futuro.

 

Qué modificaciones en la civilización traerá aparejada la glovilidad es una pregunta de largo alcance y que involucra respuestas en todos los niveles: económico, cultural, sociológico, psicológico, político y moral. Pero poca duda cabe de que el cambio en el modo del habitar será fuente de enormes cambios en todas las esferas de la vida humana, de igual manera que sucedió entre el nomadismo del Paleolítico y el sedentarismo del Neolítico.

Se me ocurre puntualizar cuatro aspectos a modo de predicciones de lo que la era de la glovilidad nos deparará, a nosotros o a nuestros descendientes.

1) El sedentarismo se asocia con el surgimiento de las ciudades, de la agricultura y de un cambio cualitativo en la cultura (la palabra cultura proviene en última instancia de la palabra latina colere, que tenía una amplio rango de significados: cultivar, proteger, habitar). Aunque el hombre nómade poseía cultura (incluso hoy existen estudios sobre las diferencias culturales entre grupos de chimpancés: http://news.bbc.co.uk/1/hi/sci/tech/1484261.stm) ésta estaba centrada en su subsistencia, actividad que le insumía el grueso de sus energías. Con el advenimiento del Neolítico, la mayor tranquilidad de la economía agropecuaria liberó al hombre de aquel nivel de preocupación por la supervivencia diaria y dio lugar a la construcción de poblados, a un gran crecimiento demográfico y a un desarrollo de numerosas instituciones que hasta el día de hoy forman parte de la cultura del hombre en general.  

En su condición de modificación en el modo del habitar humano, la glovilidad será determinante para la generación de una metacultura: la cultura que crean, comparten y transmiten ciudadanos cosmopolitas, partícipes de lo que Hannerz llama el “ecúmene global”. Pero la existencia de esa metacultura no será aislada, elitista o excepcional, como actualmente lo es por ser apenas insinuación de lo que vendrá, sino que pasará a constituir el entramado básico de la civilización humana. Aunque las diferencias lingüísticas serán el más fuerte obstáculo a este avance, el creciente número de personas que hablan más de una lengua muestran que el obstáculo no es infranqueable.

 

2) Otra de las consecuencias que una franca glovilidad depararía será la desaparición de la guerra, en el tradicional sentido de la palabra: confrontación armada a gran escala entre grupos o pueblos.

 

En efecto, la glovilidad será causa de un intenso relacionamiento entre las personas en todas las esferas de la vida, y dado que esas relaciones no estarán geográficamente localizadas sino que al contrario, se desplegarán en múltiples lugares, entonces debe suponerse que las personas con intereses geográficamente esparcidos serán renuentes a guerras que podrían afectar a personas, bienes o lugares de su interés.

 

Imaginar una conflagración entre los barrios de la ciudad en que vivimos es similar a imaginar la guerra en la aldea glovilizada. Igualmente, en un plano intermedio, es imposible figurarse hoy la posibilidad de una guerra civil entre la parte norte y sur de los Estados Unidos, o entre la parte este y la oeste, luego de la intensísima movilidad que existió y persiste en aquel país.

 

3) La glovilidad dará lugar a una confluencia y competencia entre valores culturales, de resultas de la cual es de suponer que se consolidarán los principios morales comunes a las religiones universales, con su correlato jurídico en la mayor difusión y convicción de la importancia de los derechos humanos enumerados en la Declaración Universal de Derechos Humanos proclamada en 1948 por las Naciones Unidas.

 

4) Cuando la tecnología lo permita, la glovilidad será una fuerza imposible de detener, más allá de las regulaciones legales de los estados. Por el contrario, serán las leyes las que deberán afrontar los innumerables desafíos que la glovilidad deparará. Desde la tributación hasta la represión penal, los derechos nacionales aparecerán recurrentemente insuficientes para brindar soluciones prácticas. El derecho internacional de fuente estatal, como conjunto de normas que cada país posee para resolver conflictos internacionales, será insuficiente. Al mismo tiempo, los riesgos asociados a la movilidad humana, como ser la transmisión de enfermedades o los accidentes, requerirán regulaciones generales. Por todo esto, si la aldea global se convierte en más que la actual posibilidad de comunicarnos y trabajar a través de internet, y pasa a implicar la posibilidad de estar físicamente en cualquier lugar, se agregará una nueva y poderosa razón de ser a la creación de un gobierno mundial, con ciudadanos mundiales.

 

La glovilidad es un fenómeno que tendrá mucho más de bueno que de malo. La gran pregunta es cuándo será posible, en atención a los desafíos técnicos y económicos que supone.

 

 


 

Arriba
El beso
Especulaciones de un inmortal
Lo que asombra del fuego
A la mujer
Mi Dios
Las flores de Alicia
¿Utopía
Vida eterna
Glovilidad