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 5- La energía

    1. Introduciendo el concepto

 La palabra energía tiene muchas acepciones. Hay varios tipos de energía (calórica, lumínica, electromagnética, cinética, potencial) que se comportan de maneras muy distintas y sin embargo se engloban en la misma palabra. Quizás por ser “algo” y no ser “materia”. Y en el plano humano la palabra se utiliza para denominar muchísimas cosas distintas, algunas de ellas equivocadas, o ambiguas. Así por ejemplo se habla de equilibrar nuestros centros energéticos, poner los dedos de determinada forma para dejar fluir la energía, tomar una bebida o medicamento energizante, formar un campo de energía positiva a nuestro alrededor, o conectarnos con la energía del universo. Se menciona como energía vital al rasgo distintivo entre la vida y la muerte, o se dice que el amor es la energía divina. La palabra “energía” queda huérfana, no queda claro a qué se están refiriendo, se mezclan las acepciones conduciendo a falacias y errores de interpretación.

 Por esto mismo, voy a intentar hacer una precisión sobre el tipo de energía a la que voy a referirme a lo largo de todo este capítulo. Y ésta es concretamente la energía mental humana. La misma no está tipificada ni se puede medir por ahora como la luz o la electricidad, pero seguramente en algún momento se encontrarán los medios para hacerlo. Esta energía puede tener que ver con la energía física, pero es importante distinguir que no es lo mismo.

La energía física está muy ligada a lo que comemos, el ejercicio que realizamos, las vitaminas que tenemos en el cuerpo, nuestro nivel de glóbulos rojos, etc. Cuando decimos “estoy sin energías para hacer nada” o “voy a comer algo para reponer energías” nos estamos refiriendo a ella.

 La energía mental, en cambio, no está directamente relacionada a estas cosas. Si bien hay un lógico ida y vuelta, perfectamente podemos estar agotados físicamente pero muy cargados de esta energía, o por el contrario estar en buen estado físico pero carecer de ella.

 Este tipo de energía se relaciona con lo que llamamos “buena onda”, con las emociones positivas, la creatividad, el amor, la alegría.

 Nos sentimos bien anímicamente cuando estamos cargados de esta energía, mientas que en la depresión se nos va casi por completo. Es por eso que su conocimiento y manejo es tan importante para nuestras vidas. 

 Está demostrado que un enfermo optimista, y que pone voluntad y su mejor disposición en curarse, tiene más chances de mejorar que un enfermo de su misma condición pero deprimido y desganado. Esa diferencia es justamente la energía mental a la que me estoy refiriendo.

  Esta energía, también está íntimamente relacionada con la fe. Yo creo que cuando alguien reza lo que está haciendo en realidad es direccionar su energía hacia el fin deseado, canalizarla a través del rezo.

 Desde los tiempos más remotos la humanidad ha buscado simbolismos para direccionar la energía. Religiones, supersticiones, hechizos y pócimas mágicas. Lo que importa no es el medio elegido sino el fin y la energía que realmente se ponga en eso.

 Cuatro personas esperan una oferta de trabajo. Los cuatro se capacitaron, hicieron esmeradamente su currículum y recorrieron diario en mano toda la ciudad. Es decir, hicieron por igual todos los pasos directamente conducentes para obtener su objetivo.

 Pero además, el primero le rezó con pasión a Dios y le encendió unas velas a San Cayetano. El segundo llevó a todas las entrevistas su ropa y bolígrafo de de la suerte porque son sus cábalas en las que confía. El tercero, que no creía en nada de esto, tenía una gran confianza en si mismo y la seguridad interna de que lo conseguiría si se lo proponía. Es cuarto, en cambio, llegó a su casa y pasivamente se sentó a lamentarse que no creía que fuera a conseguir nada.

 Este cuarto hombre, por más que estuviera igual de capacitado que los otros, seguramente no va a obtener el puesto. Su energía está bajísima y no hizo nada para direccionarla a su objetivo. Está desorientado, perdido, a la deriva.

 Se está condenando en una profecía autorealizable, ya que directa o indirectamente su actitud influirá en su contra. Los otros tres, cada uno a su manera, están haciendo lo mismo. Direccionando su energía hacia su fin. ¿Importa como lo hagan? Yo no creo que el método haga la diferencia, aunque me gustaría estudiarlo estadísticamente si se pudiera. Más bien creo que importa el nivel de energía que maneja la persona, la intensidad de su deseo y de su confianza en lo que hace.  

Por eso me parece que cada uno puede elegir el camino que prefiera para hacerlo. El que le haya dado resultado, el que le enseñaron de pequeño, el que más le simpatice. Mientras no sea dañino, ridículo o complicado, cualquier cosa sirve. Y sinceramente, pienso que cuando menos símbolos se necesiten y más directa sea la conexión entre nuestra energía y nuestro fin, menos “filtraciones” habrá en el camino. Lo importante es hacerlo, y con la máxima concentración y confianza posible. Creer en que podemos hacer más que lo directamente evidente para conseguir lo que deseamos, y hacerlo sin privaciones, al máximo de nuestro potencial.  

    1. La energía negativa – los malos deseos

 

Lamentablemente, también existe la contracara de esta energía, que es objeto de la magia negra y del “mal de ojos”. Esta es mucho más delicada porque sus consecuencias pueden ser nefastas. Está atada al instinto de muerte y a las peores lacras de la humanidad.

 ¿Quien no ha oído alguna vez de alguien que descuidadamente dijo a otro “ojalá que te mueras” y al poco tiempo ocurrió?

Sobran las anécdotas de estudiantes que por un examen desearon que se enfermen sus profesores y terminaron sintiéndose culpables cuando aconteció de verdad, y con más fuerza de lo que esperaban. De insultos en el tránsito que terminan en un accidente mortal para el insultado a pocos metros. Nos han llegado oscuras versiones de maleficios o maldiciones.

 La energía negativa es una realidad de la que hay que alejarse tanto como nos sea posible.

 Y no basta con una cintita roja contra la envidia para estar a salvo. El paso fundamental para eliminar la energía negativa de nuestras vidas –o mantenerla alejada- es ser los primeros en desalojarla de nuestra mente.

 Habida cuenta de su existencia y realidad, no podemos desearle el mal a nadie. Absolutamente ningún tipo de mal a ninguna persona. La energía negativa se mueve y retroalimenta entre quienes le dan cabida. Afecta al que la recibe, pero vuelve al que la emitió.

 Y esto es claro como el agua: si se quiere ser feliz hay que dejar de lado los odios y los rencores; la envidia, y los resentimientos. En nuestro camino a la virtud tenemos que desalojar a todas las emociones negativas.

 Se trata de ser el primero en dejar de tirar piedras, y retirarse del combate. Luego de un tiempo ya no recibirás ningún piedrazo. 

 Que la palabra ojalá siempre venga acompañada de pensamientos positivos.

Los piedrazos de energía negativa a veces pueden ser dirigidos a nosotros mismos. Por ejemplo esto es lo que ocurre cuando nos insultamos, pensamos que no valemos nada, que no merecemos nada, cuando nos tiramos abajo. Tenemos que tener cuidado con estos instintos destructivos, y ser concientes de que su alcance puede ser mucho mayor que el aparente.

 Otra forma de energía negativa es la que proviene de las experiencias dolorosas, noticias de tragedias, etc.

 Una persona sensible, al ver en la televisión, escuchar en la radio o leer sobre una noticia terrible, o al presenciar un accidente o un acto delictivo,  se carga de una energía negativa que percibe como un gran dolor. A veces pueden darle náuseas o sentir un nudo en el estómago. No puede proseguir con sus actividades normalmente, ni recuperar su nivel de energía normal hasta no deshacerse de alguna manera de esa fuerte impresión.

 Milagrosamente, al “compartirlo” con un ser querido el dolor se alivia. La persona siente como que se quitó un peso de encima, y ya está en mejores condiciones para procesarlo y retomar su vida normal. ¿Pero a qué precio? Ahora la persona con la que se desahogó,  se ha cargado de esa energía negativa. En cierta medida la energía se trasladó al otro, y ahora este se quedará sintiéndose igual de mal que el primero, y necesitará a su vez descargarse con otra “víctima”.

 De este modo, la energía negativa circula, se potencia, perjudica al mundo en general. Pues bien, es visible que la actitud positiva ante estas situaciones sería -cuando nos llega- cortar la cadena. Para lograrlo, tenemos que canalizar esa energía negativa por otros medios, y no mediante el traspaso a otra persona. 

 Esos medios podrían incluir la descarga de energía física como practicar un deporte, correr, o gritar, asociándolo mentalmente a la descarga de la energía negativa que nos ha invadido. Llorar, desde ya, o descargar nuestra furia por escrito, y luego quemar lo que escribimos. Rezar con fervor por los damnificados directos del hecho en cuestión, y luego cargarnos de energía positiva de las formas que veremos en el próximo punto. De esta manera, lograremos eliminar la energía negativa sin pasársela a otro. Seremos como un cable a tierra que ponga fin a su poder. 

Claro está que en determinadas situaciones que nos tocan muy de cerca, el caudal de energía negativa que nos quitamos al compartir lo sucedido puede ser notablemente mayor que el que percibe la persona a quien se lo trasladamos. De este modo, aquel podrá con mayor facilidad eliminarla. Y nos habrá hecho un gran  favor.

 En todo caso, tenemos que estar seguros de que la persona este conciente de que va escuchar algo que le puede hacer daño, y no obstante ello desee hacerlo para ayudarnos.

 Sin ir a los extremos, podemos notar que este tipo de situaciones en escalas domésticas se presentan a diario en nuestras vidas. Nos indignamos por ejemplo por una situación del tránsito o por un mal servicio público. Nos quedamos afectados por una película fuerte, o por una anécdota que escuchamos. La decisión es nuestra: transmitir o eliminar.

 Por supuesto, si transmitimos la energía negativa a nuestro entorno, esta volverá a nosotros. Como clave entonces podemos recordar dos simples pasos:

 1-     Evitar todo medio de comunicación o persona que nos trasmita energía negativa.(noticieros, películas violentas o muy tristes, personas chismosas o morbosas)

2-      Prestar atención antes de hablar y evitar todo tipo de comentario que traslade nuestra energía negativa a los demás. (anécdotas trágicas, críticas a terceros, pensamientos pesimistas) Sólo decir cosas buenas, que transmitan energía y optimismo. O informaciones importantes. O si no callar.

 Eliminada la energía negativa de nuestras vidas, sólo nos queda aumentar nuestra energía mental positiva, y aprender a utilizarla y mantenerla.   

    1. Formas de conseguir la energía

 

Todos tenemos un nivel de energía de base, que se puede ver sensiblemente aumentado en los momentos de euforia y felicidad. En estos momentos nos sentimos llenos de ganas de hacer cosas buenas, inspirados, con mucha capacidad para dar amor. Y cuando lo hacemos la energía vuelve hacia nosotros multiplicada, porque los actos positivos generan más energía positiva, y entramos en un círculo virtuoso del que no desearíamos caer nunca.

 ¡Qué bueno sería poder mantener esos niveles de energía casi permanentemente! Lo bueno es que los conocemos, a todos nos ha pasado. Y cuando estamos sin ganas de  hacer nada, o con la autoestima por el suelo debiéramos evocar esos momentos, y pretender, si no llegar a ellos, por lo menos acercarnos y tener un nivel de energía de base cada vez mayor. Esto va a ser una ayuda el día que estemos enfermos o pasando por malos momentos. Lo que podamos aumentar nuestro nivel de energía en las buenas nos va a servir de sustento cuando estemos en las malas.

 Pero, ¿cómo se consigue la energía? Algunas formas son:

 

-         Sintiendo amor. Tenemos en frente a un ser querido, y nos detenemos a observarlo, a escuchar lo que dice, recordando cuanto lo queremos. Potenciando el sentimiento al máximo que dé nuestro corazón, amando activamente. No es necesario tener la persona al lado para hacerlo, podemos mirar una foto, o tan sólo pensar en él o ella.

-         Expresando el amor. Además de sentirlo para nuestros adentros. Decir “te quiero” dar una caricia o un abrazo, escribir una carta, hablarle al ser amado de sus virtudes y de lo orgullosos que estamos de ellos, es una forma  de potenciar nuestra energía, y también llenar de energía a la persona amada.

-         Admirando la belleza del paisaje, la naturaleza, una flor… cualquier cosa. Potenciando el sentimiento de belleza y admiración, logrando asombrarnos de lo cotidiano. Cuando vivenciamos la exaltación de la belleza nos inunda la energía.

-         Mirando el Cielo y las estrellas, e intentando concebir su infinitud y nuestra pequeñez. Siendo concientes de la inmensidad del espacio y del tiempo. Pensando en el milagro de nuestra existencia: de la nada a algo, del big-bang a la Tierra, de la tierra a la vida, de la vida al hombre, del hombre primitivo a lo que somos hoy, y a nuestra propia existencia individual.

-         Practicando tu arte, tu hobbie, deporte, o lo que más te guste. En contacto con tu centro  creativo y con tus mejores virtudes.

-         Rezando: alabando a Dios, valorando y agradeciéndole intensamente por tener la oportunidad de vivir esta vida, y por todo lo bueno que tenemos.

-         Meditando. Practicando diversos tipos de relajación y meditación creativa.

-         Escuchando música, ya sea de fondo o como actividad principal. Elegir la música que nos llegue al corazón, y sentirla intensamente.

-         A través de la comida. Ingiriendo alimentos livianos y puros como frutas y hortalizas mientras masticamos lentamente disfrutando a plena conciencia de su sabor y textura, y pensando en su origen noble. Sintiendo como con cada bocado nuestra energía aumenta.

-         A través del relax, de un baño de inmersión, una sesión de spa, o una caminata bajo la brisa fresca. Dejando las preocupaciones de lado, dándole bienestar al cuerpo y descanso a la mente.

-         Durante el sueño. Mientras dormimos recargamos nuestra energía física. Lo mismo podemos hacer con la mental si aprovechamos los sueños para ello. Recordar un sueño hermoso nos hace despertarnos felices, con ganas de empezar el día con todo, mejor que como nos fuimos a dormir.

-         Recordando vívidamente los mejores momentos de nuestra vida. Trayéndolos a la mente con todo su esplendor, como si los estuviéramos viviendo de vuelta. Puede ser el nacimiento de nuestro primer hijo, nuestro primer beso, nuestra boda, aquel regalo tan esperado de la infancia… todo lo que nos haya hecho rebosar de felicidad. Traerlos al presente nos devuelve la energía tan intensa de aquellos momentos mágicos.

 

 

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